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Cuando verse moderno sale caro: tecnología sin estructura

ERP para PYME

Hay decisiones que parecen pequeñas cuando se toman, casi inofensivas. No generan alarma inmediata ni discusiones fuertes. El problema es que algunas de ellas solo muestran su verdadero impacto cuando ya no hay marcha atrás. A veces, el daño no viene de una mala ejecución, sino de una mala elección inicial que nadie se atrevió a cuestionar del todo.

Ordenando archivos de proyectos anteriores apareció un patrón claro. Entre apuntes técnicos y notas de diagnóstico había el caso de una cafetería de barrio. Buen café, clientela fiel, flujo constante. No era un negocio espectacular, pero funcionaba. Y aun así, cerró. No por falta de clientes, ni por mala calidad, ni siquiera por ausencia de tecnología. El problema empezó mucho antes, en una decisión que parecía lógica… y moderna.

Cuando la tecnología se usa como imagen y no como estructura.

En algún punto surgió una idea que suena bien en casi cualquier conversación informal: “necesitamos una app propia para fidelizar clientes”. Nadie lo presentó como un riesgo. Al contrario, se sentía inevitable, casi un paso natural hacia el futuro. Nadie dijo en voz alta que el negocio vivía con márgenes ajustados, sin colchón financiero y resolviendo semana a semana. Nadie quiso parecer poco ambicioso.

Cuando se analizó con calma, ya demasiado tarde, el error era evidente. Esa app no resolvía ningún cuello de botella real. No mejoraba costos, no aportaba liquidez y no reducía riesgo. No ayudaba a la gestión de riesgos ni a construir una mínima planificación estratégica. Era imagen, no estructura. Cloud computing antes de tener estabilidad operativa.

El foco se drenó poco a poco. Tiempo que pudo destinarse a mejorar inventario, montar un delivery sencillo, definir indicadores básicos o modernizar el legacy real del negocio —el local, la operación diaria, la dependencia absoluta del mostrador— se fue en desarrollo, mantenimiento y discusiones que no movían la aguja. El negocio seguía dependiendo de una sola cosa: que el local abriera todos los días.

Cuando no hay resiliencia, cualquier crisis solo acelera lo inevitable.

Cuando llegó la pandemia, no ocurrió nada inesperado. Simplemente se hizo visible la fragilidad. Local cerrado, tráfico cero, app inútil sin operación detrás y ninguna alternativa lista. No había planificación estratégica, solo una apuesta a verse moderno. Faltó CTO leadership entendido no como “meter tecnología”, sino como saber cuándo no meterla.

Después apareció el relato cómodo: “la pandemia nos mató”. La realidad era más incómoda. El ego había tomado decisiones antes. La necesidad de parecer actualizado pesó más que la de construir resiliencia. No hubo una gestión consciente de un roadmap tecnológico, solo una decisión aislada que nunca se integró al negocio real.

Este tipo de errores no nacen de la mala intención. Nacen de confundir crecimiento con visibilidad y estrategia con estética. En negocios físicos frágiles, esa confusión es letal. La tecnología no mata empresas. Las mata usarla para tapar lo que no se quiere mirar.

Si esto te hizo pensar en alguna decisión parecida que hayas visto —o tomado—, deja tu opinión en los comentarios. Y si crees que más gente debería leer esto, un like ayuda a que la conversación llegue más lejos.

Escrito por: Zendha Core
15/01/2026
Tema: ERP para PYME