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Un producto que fracasó por querer crecer antes de ser verdadero

ProyectoB2B de software intentó escalar antes de consolidar su base operativa. El fracaso no vino del mercado ni del marketing, sino de exceso de confianza,gasto prematuro y una narrativa más grande que la realidad del sistema.

Iniciativa tecnológica B2B impulsada por fundadores con visión ambiciosa y alto compromiso. El proyecto nació con intención de ser grande desde el inicio, sin haber validado aún su solidez operativa ni la disciplina interna necesaria para sostenerla.

El proyecto nació con una idea clara: construir una plataforma integral para ordenar operaciones empresariales. Había visión, ambición y discurso. Lo que no había era una base suficientemente sólida. Se intentó vender antes de estar listo, se quemó dinero en acelerar percepción y se confundió tracción inicial con madurez real.

La narrativa creció más rápido que el sistema. Se prometió orden sin haberlo conquistado internamente. El producto no falló por falta de mercado ni por mala ejecución comercial, sino por una decisión fundacional equivocada: querer ser grande antes de ser verdadero.

El fracaso obligó a una pausa incómoda. No para ajustar campañas, sino para replantear todo: método, ritmo, alcance y rol real del sistema. De ese golpe nació Zendha Core como lo que es hoy: no un ERP que promete resolver empresas, sino una infraestructura que solo funciona cuando la organización está dispuesta a decidir, sostener y ordenar. El error no se ocultó. Se convirtió en método.

Reto

El reto fue aceptar que el problema no era externo. Implicó reconocer errores fundacionales, asumir pérdidas y desmontar una narrativa cómoda. También implicó entender que en B2B, la autoridad no viene de “haber triunfado”, sino de haber aprendido caro y no repetirlo con otros.

Respuesta

La respuesta fue reducir ambición superficial y aumentar rigor. Se dejó de vender promesas y se empezó a exigir condiciones. El sistema dejó de ofrecerse como salvación y pasó a ser consecuencia de orden previo. El fracaso no se corrigió con marketing, sino con disciplina y límites.