Un taller artesanal rentable tras abandonar el costeo “a ojo”
Taller de muebles a medida con 26 empleados operaba sin costos reales, acumulando retrasos y márgenes negativos invisibles. Al separar diseño, costeo y producción mediante órdenes claras y plantillas adaptables, logró controlar rentabilidad sin eliminar la personalización.
Empresa dedicada a la fabricación artesanal de mobiliario a medida, con alto nivel técnico y fuerte identidad creativa. Su operación dependía de la experiencia del dueño y del criterio del taller, sin estructuras formales para medir costoso tiempos reales.
El taller producía piezas únicas, pero sin una estructura que distinguiera creatividad de improvisación. Los costos se estimaban “a ojo”, las fechas se prometían sin base y los márgenes solo se revisaban cuando el dinero no alcanzaba. Producción ajustaba sobre la marcha, administración corregía desvíos y los reclamos de clientes se volvían frecuentes.
El problema no era la personalización, sino la ausencia de separación entre diseñar,costear y fabricar. Cada mueble era distinto, pero todo se trataba como si fuera irrepetible, impidiendo aprender de trabajos anteriores. La experiencia del dueño sustituía al sistema, ocultando pérdidas hasta que eran inevitables.
La intervención definió órdenes claras con plantillas base adaptables, permitiendo variaciones sin perder control. Se utilizó Zendha Core como soporte para registrar costos y avances, no para estandarizar creatividad. Por primera vez, el taller pudo ver qué proyectos eran rentables y cuáles no.Reto
El reto principal fue romper la dependencia absoluta del criterio del dueño.Existía resistencia a documentar porque se percibía como una amenaza a la identidad artesanal. Además, el equipo asumía que medir costos exactos era imposible en trabajos a medida, normalizando retrasos y pérdidas como parte del oficio.
Respuesta
La solución fue separar roles sin rigidizar el trabajo. El diseño definía variantes, el costeo estimaba con base en plantillas y la producción ejecutaba con órdenes claras. Las plantillas no limitaron la creatividad; limitaron la improvisación. El taller dejó de adivinar precios y empezó a decidir con datos.